¿DE DONDE SOY?

Después de haber oído el video de la escritora Taiye Selasi “DON’T ASK ME WHERE I’M FROM, ASK WHERE I’M A LOCAL”, decidí escribir este blog porque cada vez que la gente me pregunta de dónde soy, me surge una reflexión y, mi auto respuesta, es,  “pertenezco a la sociedad local”.

De acuerdo a mi experiencia de trotamundos, puedo afirmar que ningún   individuo abandona ni olvida  nunca, durante toda su existencia, el sentido de pertenencia al lugar de nacimiento, con su folklore, tradiciones, ritos, etc.

Desde muy joven, por razones de estudios, salí de mi  país de nacimiento,  y luego, debido a mi trabajo, he viajado y residido en varias partes del globo terrestre.

Actualmente, llegada a la edad adulta, los recuerdos de  mi primera  infancia se dirigen hacia el pequeño pueblo de mis padres en donde nací y viví hasta los 5 años, cuando mis padres tomaron la decisión de trasladarse a una ciudad con el fin de que todos sus diez  hijos tuvieran acceso a la escuela.

Terminado mi bachillerato,  mi primer  viaje fue  a New York para el aprendizaje del inglés y desde entonces proseguí mis estudios superiores en Roma, Paris, Londres, Bruselas y desde allí inicié mi carrera como intérprete-traductora, lo que me llevó a desplazarme a todos los continentes.

De cada uno de los lugares en donde trabajé, residí o visité por turismo, guardo remembranzas de costumbres,  ritos, personas, amigos y  paisajes que constituyen mi patrimonio diario en cualquier lugar en donde me encuentre.

Tener el pasaporte del país de nacimiento no quiere decir que toda mi identidad  esté basada en el país entero, sino en mi pequeño pueblo natal con su entorno, pequeña escuela, capilla, paisaje, abuelos…

Pero ahora,  cuando visito estos lugares, me percato que ni las personas ni el paisaje son los mismos de mi infancia. ¡Hasta  yo misma he cambiado! No obstante, revivo con alegría y nostalgia todos esos momentos.

De hecho, somos Seres Humanos. Nacemos, vivimos y morimos y los países no son absolutos, éstos son creados, inventados, algunos nacen, otros desaparecen y muchos cambian por razones políticas, desastres naturales, guerras.

En efecto, para empezar, cuando nos encontramos ante un idioma diferente al nuestro la inserción llega automáticamente y la identidad es creada mediante la experiencia local, la cual  se realiza a través de tres elementos perdurables:

RITOS:   Folklore, tradiciones, conmemoraciones religiosas, música, etc.  que forman parte  del bagaje personal que identifica a cada persona dentro de la sociedad. Por ejemplo, compartir  los juegos de la infancia en el patio o jardín de la casa. ¡Los manjares preparados por la abuela!      

RELACIONES:  los auténticos amigos y colegas, profesores  nunca se pierden de vista con el  pasar del tiempo, la distancia,  lugar y las circunstancias.  Programar  encuentros  para la celebración de festividades, eventos y actividades  es una tradición que perdura  a través de los años.

RESTRICCCIONES: informarse y conocer las formalidades de inmigración  y las leyes del país, tradiciones locales. Adaptarse y respetarlas. Frecuentemente por múltiples  restricciones (económicas, políticas,  persecuciones religiosas)  se abandona el propio país, pero nunca el individuo se desprende de sus tradiciones, valores espirituales  y congénitos,  tales como  religión,  gastronomía, etc.

En resumen,   indistintamente del documento de identidad geográfico que se detenga, e independiente de la educación recibida y la difundida por los medios de comunicación, la clave para, “sentirse en casa” en cualquier parte es, adoptar el comportamiento de un residente local, a través del respeto de toda la cultura tradicional,  la cual representa la formación de cada uno de los miembros de la sociedad y que es transmitida de generación en generación por vía oral, con  participación espontánea en las actividades de la vida diaria; lo cual demuestra ser el vínculo más efectivo de todo individuo con  su lugar de origen y con su historia.

 

 

 

 

 

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el valor de la familia

Elvira Valecillos

La familia es la cosa más bella que puede tener un ser humano…

Ese compartir de la vida cotidiana con sus altibajos fortalece la unión y el amor.

Ejemplo, un compartir  de una comida en el hogar con los miembros de la familia y sus amigos; ese encuentro que deja plasmado  un sabor  de armonía y de complicidad de remembranza inolvidable: saborear la gastronomía,  la alegría, los chistes, las ocurrencias… El todo que conforma  una obra,  cuadro,  una fotografía que sellan la ocasión y permanecen inolvidables  en  el transcurrir del tiempo, reflejando  todas las vivencias de esos momentos  en el tiempo, lugar  y el  grupo  de participantes.

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el valor de la familia

 

La familia es la cosa más bella que puede tener un ser humano…

Ese compartir de la vida cotidiana con sus altibajos fortalece la unión y el amor.

Ejemplo, un compartir  de una comida en el hogar con los miembros de la familia y sus amigos; ese encuentro que deja plasmado  un sabor  de armonía y de complicidad de remembranza inolvidable: saborear la gastronomía,  la alegría, los chistes, las ocurrencias… El todo que conforma  una obra,  cuadro,  una fotografía que sellan la ocasión y permanecen inolvidables  en  el transcurrir del tiempo, reflejando  todas las vivencias de esos momentos  en el tiempo, lugar  y el  grupo  de participantes.